Futbol

Lo efímero y lo perpetuo

LA GLORIA TARDÍA

Carlos Alberto Ramírez Castillo (Ciudad de México, 1976), puede presumir, y lo hace, que es un tipo privilegiado: jugó futbol a nivel profesional, anotó goles importantes que adhirieron su nombre (y apodo) a la memoria de los seguidores de Tigres y ganó dinero por ello.

Lo impagable, claro, es lo que se queda en los archivos de las entrañas y en las estadísticas. Resolver un Clásico al entrar de cambio. Anotar un gol agónico para superar una fase en la Copa Libertadores. Convertirse en una rara leyenda con sólo cuatro juegos con la playera felina.

“Lo que se siente en ese preciso instante es indescriptible”, recuerda Ramírez sobre su gol a Rayados, tras reemplazar a Aldo de Nigris. “No sabía si correr, gritar, quedarme parado. Es un momento en el que se te juntan todas las emociones y te bloqueas. Por todo lo que significa, era mi debut con Tigres, el rival enfrente, todas las circunstancias que envolvían ese momento, te ponen en shock”.

Cinco semanas después de aquel derbi, Tigres enfrentaba a la U. Católica de Chile en el último juego de fase de grupos de la Libertadores, y requería ganar para avanzar a octavos. Al minuto 78, con el partido empatado a cero, Ramírez sustituyó de nuevo a De Nigris. Y, otra vez, dio el triunfo con un remate de volea en el área chica, ahora en el minuto 91. Además de lo deportivo, Ramírez apunta al escaparate continental y lo valioso, literalmente, de la anotación.

“Es un torneo internacional, es algo aparte. Te están viendo en muchos lados. Y, además, es una entrada (económica) extra para la institución”.

Esa condición de amuleto tiene otro registro especial.

Antes de esos dos goles inolvidables, Ramírez había cumplido con el debut soñado de todo futbolista profesional: entrar de cambio y anotar. Fue en el Apertura 2003. Tenía 26 años y 10 meses.

“Hice un gol cuando debuté con Atlante en Primera División, entré al minuto 65 en un juego contra Cruz Azul, perdíamos 3-1, yo hice el segundo y ‘Chamagol’ empató al final”.

Las imágenes en video muestran a Ramírez recibir un balón filtrado en el área y, con su porte desgarbado, rematar de derecha al primer poste del “Conejo” Pérez.

Con los azulgranas convirtió seis goles en 26 partidos –casi siempre como relevo-, luego fue a León, en la Primera A, antes de llegar a Tigres.

EL OCASO PREMATURO

Su voz al teléfono suena emotiva cuando repasa su trayecto por el futbol profesional, los goles, los buenos momentos.

El tono cambia al explicar los motivos de su fugaz paso por la Primera División. Porque Carlos Ramírez también puede contar –y lo hace- lo complicado que es trascender en México.

“Ya sabes que en el futbol mexicano hay mucha porquería. Yo estaba a préstamo y según esto, y dicho por toda la gente, por Toño García, por la gente de Tigres, me iban a comprar, me iba a quedar en Tigres. Y al final de todas las transacciones de Primera División y del Ascenso en el draft, termino en León de Primera A. Me molestó mucho y mandé a la fregada al Atlante, que eran dueños de mi carta”.

A partir de ahí, el destino se torció. Ese 2006 jugó para Real Colima en la segunda categoría; pasó a Alacranes de Durango en 2007 y, terminó su carrera en el futbol profesional en el Irapuato, en 2009. Jugó, en seis años, 72 partidos y anotó 10 goles entre Ascenso y Primera.

La historia de Ramírez sintetiza el rumbo y circunstancias de miles de futbolistas mexicanos: debut tardío, falta de oportunidades, desconfianza del talento nacional frente al foráneo, desaparición anticipada y silenciosa del mapa futbolero.

“En el futbol mexicano ves cosas que no ves en ningún otro lado. Y hasta cierto punto, no por hacer alarde ni nada, creo que ese torneo que estuve en Tigres me fue bien, jugué poco, (pero) hice los dos goles más importantes del equipo en ese torneo.

“Son cosas que luego uno en la intimidad de la casa, platica con la familia, con la gente allegada y no es posible que yo, teniendo la participación que tuve, al otro torneo estuviera en el Ascenso, cuando me habían dicho que estaba todo arreglado”.

Sin embargo, no tiene amargura ni rencor frente a nada ni contra nadie. “La Araña”, como también lo conocen, se mantiene activo en lo que en el gremio de exfutbolistas profesionales se conoce como “la talacha”, es decir, cobrar por jugar a nivel amateur.

“Vivo de la patada”, expresa. “Estoy disfrutando todavía jugar. Y gracias a Dios me va bien, entonces ahorita seguimos viviendo de esto”. Se niega a revelar lo que cobra, aunque en una entrevista que se encuentra en internet hace un par de años afirmó que no jugaba por menos de mil pesos el partido.

Comenta que llega a disputar hasta 10 encuentros por semana. Incluso, lo invitan a duelos de exhibición a Estados Unidos junto a otros nombres conocidos.

“Al equipo a donde voy también van el “Pony” Ruiz, Erubey Cabuto, (Salvador) Carmona, “Choco” García Reza, Fernando “Pollo” Salazar, “Pirata” Castro, “Tiburón” Sánchez. Somos varios que andamos en esto”.

Carlos tiene 44 años y se mantiene en forma para extender lo más posible su paso por el futbol. Reconoce que en ocasiones entra a YouTube para volver a ver esos dos goles decisivos y pasionales.

“A veces los veo, sí. Son bonitos recuerdos. (Pero) Más que nada se te queda en la mente: el haberlo vivido es lo mejor”.

Carlos Ramírez sabe que su azarosa carrera guarda un privilegio singular. Tuvo un trayecto efímero, pero con un espacio perpetuo en la memoria de miles de aficionados de Tigres.

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